“Las toninas no quieren a la pfeiffer”, dice Felipe. Uno de los hijos de mis queridos anfitriones del Fundo los Leones en Raúl Marín Balmaceda.
El primer intento de navegación estos delfines realmente no querían nada conmigo. Apenas pude tomar unas fotos de aletas -que podrían pasar por tiburón o cualquier otra cosa- y el único resultado concreto fue muuucho mareo de tierra tanto mirar por el visor de mi cámara.
El segundo intento fue lo mismo. decepcionada y frustrada decidí enfocar mis esfuerzos fotográficos en otras cosas y así me pasé los días en este maravilloso lugar de la Patagonia. Pero el último día decidí hacer un nuevo intento ydefinitivamente hoy me subí con más fe a la lancha.
Bastaron un par de minutos para que comenzara el espectáculo. Una, dos, tres, cuatro toninas. Un par de saltos a lo lejos. Más toninas a la izquierda, otras a la derecha. Un salto más cercano. Dos haciendo piruetas al mismo tiempo.
Yo voy de un lado a otro de la lancha. Enfoco y disparo. Enfoco y disparo. Un par de ráfagas que colapsan mis tarjetas. Más saltos y más cercanos. Una da 14 saltos seguidos. Otra se da un guatazo con tantas ganas frente a mí que me moja entera, incluyendo mi cámara.
Todos nos reímos y yo sigo concentrada fotografiando con una gran sonrisa en la cara. ¿Total? No todos los días te empapa un delfín.

