Reportaje islas Falkland/Malvinas en suplemento tendencias de La Tercera
Y como las fotos dejaron demasiado gusto a poco, acá mi selección en Flickr
Islas Falkland, turismo por descubrir
Las conocemos por la disputa territorial entre argentinos e ingleses, pero estas islas esconden mucho más. La fauna marina tiene el papel protagónico, pero también las costumbres inglesas y la vida portuaria. Le advertimos, eso sí, que las heridas de guerra siguen abiertas.
por Evelyn Pfeiffer
“LOS PASAJEROS en tránsito a Mount Pleasant deben descender del avión para realizar los trámites de policía internacional”, se anuncia por los parlantes al aterrizar en Punta Arenas. Varios turistas chilenos y extranjeros se miran y comentan extrañados ¿Mount Pleasant? ¿Las Falkland son las Malvinas? Así de desconocido es para nosotros volar a este lugar, solamente familiar por una guerra ajena a nosotros que ocurrió hace 30 años.
Mi misión es descubrir los atractivos turísticos de las islas Falkland (o Malvinas, como usted prefiera decirles), que son visitadas anualmente por unas 50 mil personas, la mayoría de ellos en cruceros. El principal motivo para venir a este remoto lugar es la fauna marina. Las islas son el gran reino de los pingüinos con cinco especies y mi sello en el pasaporte así lo ratifica: una de estas aves acompaña la leyenda “Visitor’s permit. Inmigration Falkland Islands”.
Desde el aire se pueden ver los cientos de islas que conforman estas tierras. En total, dos grandes (este y oeste) y más de 750 islas pequeñas e islotes. Lo primero que llama la atención es el desolado paisaje producto del efecto de las glaciaciones, con enormes planicies de pastos y turberas, algunos lomajes y cerros que pueden alcanzar los 700 msnm. En varios sectores se divisan verdaderos ríos de piedras, que se formaron por sucesivos procesos de congelamiento y descongelamiento que, literalmente, molieron las rocas existentes.
Aquí no existen árboles nativos y se extinguió el warrah o guará, un cánido endémico que era el único mamífero terrestre que habitaba estas tierras. Hoy sólo se ven animales introducidos, como ovejas (es la tercera actividad económica más importante), algunas vacas o, de vez en cuando, alguna liebre. Pero en la costa el panorama es totalmente distinto.
Mundo pinguino
En Volunteer Point me siento como en un documental de National Geographic. El viento es imposible y levanta arena por todas partes, pero cinco enormes pingüinos Rey parecieran no perturbarse, observando el imponente Océano Atlántico, que en estas costas presenta tonalidades turquesas y azules. Más allá unos 20 pingüinos Papua (gentoo) desafían las olas con facilidad para poder salir del mar. Una vez en la arena, la agilidad se vuelve en torpes y graciosos movimientos mientras tratan de avanzar entre la arena y el viento.
Volunteer Point es uno de los destinos más populares e importantes de las islas gracias a la mayor colonia de pingüinos Rey de las Falkland. Es el segundo pingüino más grande después del emperador, el más hermoso por su colorido y uno de los más difíciles de ver, porque vive en islas subantárticas de difícil acceso.
Al igual que los emperadores, esta especie realiza un largo y complejo cortejo, no anidan (se paran sobre el huevo y lo protegen por turnos) y tanto macho como hembra cumplen un activo rol en la etapa de nidificación y cuidado del polluelo. Aunque van y vienen al mar por alimento, no se quedan en la playa, sino que se agrupan en el pasto a unos 500 metros del mar, con la espalda contra el viento. Cuesta creer que los enormes y poco agraciados polluelos de color café se convertirán algún día en aquellas elegantes aves con tonalidades grises, naranjo y blanco.
Otro de los pingüinos que compiten codo a codo con la fama de los Rey son los de Pinacho Amarillo (rockhopper en inglés), que se hicieron conocidos gracias a películas comoReyes de las Olas. Nos dirigimos a Murrel Farm (www.kidneycove.com), donde se ubica una colonia de unos 400 ejemplares.
Son la especie de pingüinos más pequeños de la isla y, por lejos, los más graciosos con su peinado rockero, sus gritos desafinados y su avance a saltos (rockhopper significa algo así como saltadores de rocas). La colonia está totalmente activa. Las parejas se turnan para empollar, otros se aparean, más allá un grupo aletea, grita y estira los cuellos en forma agresiva, otros van de salto en salto por las rocas y, uno que otro, se acerca curioso a las cámaras para huir raudo ante el primer movimiento. Entre el grupo se distingue uno de “pelo” más anaranjado, es de la especie Macaroni, que de vez en cuando conviven con los Pinacho.
Nuestro encuentro con la abundante fauna local debe continuar en Sea Lion, tomando una avioneta al extremo austral del archipiélago. En los 8 km de largo y 2 de ancho de la isla, sólo existe un exclusivo lodge (www.sealionisland.com) y senderos de caminata para ir a ver lobos marinos, elefantes marinos, tres especies de pingüinos y, con algo de suerte, alguno de los tres grupos de orcas que rodean la isla.
Las expectativas para visitarlas son altísimas, pero pronto recibimos una cachetada de realidad y debemos recordar que estamos en uno de los sitios más inhóspitos del planeta. Los vuelos deben cancelarse porque comienza una tormenta de viento, nieve y granizos, que incluso obligan a cerrar el puerto y cancelar un vuelo desde Reino Unido. Es la latitud 53° y acá el clima manda.
Stanley, la ciudad casi perfecta
Si uno viene con poco tiempo o el clima juega una mala pasada, lo bueno es que siempre se puede salir a descubrir nuevos secretos de Stanley, la principal ciudad en las Falklands, con 2.500 habitantes. Una ciudad que sabe de perfección inglesa: ninguna fachada pareciera estar con la pintura dañada, no se ve basura por ningún lado, ni mucho menos un grafiti. La gente se saluda en las calles, no se escucha ningún bocinazo y la amabilidad abunda, con una disposición casi excesiva para ayudar en lo que uno necesite. Todo esto adornado con las típicas cabinas telefónicas rojas y buzones de correo.
La mayor parte de la población es inglesa, aunque también se distinguen muchos inmigrantes, la mayoría chilenos, quienes realizan la mano de obra, atendiendo en supermercados, hoteles o trabajando en la construcción, ya que acá las posibilidades de ser extranjero con un trabajo importante son escasas. Ahí se comienzan a distinguir los “pecados capitales” de esta ciudad portuaria, probablemente los mismos de cualquier isla: excesivo consumo de alcohol, prostitución y una agitada vida nocturna. Los bares locales incluyen baile, mesas de pool, juegos de video y un carrete intenso, aunque comienza muy temprano (a eso de las 16.30 cuando cierran las oficinas) y termina a las 23.30 con el toque de una campana. Después de esa hora está prohibido vender alcohol.
En mi último día antes de tomar el vuelo de regreso a Chile, confieso que decido darme por vencida con uno de los temas más recurrentes de la isla: la guerra. Por más que uno trate de abstraerse del tema, la invasión argentina de 1982 aparece en todas partes, está en los relatos, en los monumentos, en fotografías en las casas, en los folletos turísticos, en los museos y en todas las tiendas de souvenires. Son comunes los tours a campos de batalla o para visitar memoriales y cementerios.
Incluso los paisajes recuerdan el conflicto, con cientos de campos minados que advierten del peligro con alambrado y carteles de color rojo. El conflicto bélico es parte vital de su historia y es tan protagonista como la fauna, el clima o la marcada cultura británica que se respira en todos los rincones. Decido ir a luchar una vez más contra el viento y el frío en busca de la única foto que me falta: “Danger. Mines”. Sin eso el relato estaría incompleto.
Guía
¿CÓMO LLEGAR? LAN cuenta con un vuelo semanal los sábados, con escala en Punta Arenas, desde US$ 1.100. También se puede arribar en diferentes cruceros.
¿DONDE DORMIR? Malvina House es el principal hotel en Stanley. Hab. dobles desde £ 80 p.p. ($ 60.000 aprox.). www.malvinahousehotel.com
Más información:
www.falklandislands.com, www.falklands.gov.fk
