Aeropuerto a la antigua

Dos semanas después del terremoto fui con mi madre a Copiapó. Nos cambiaron fecha y hora de los pasajes y las instrucciones fueron estar 2 horas antes en el aeropuerto. Sabíamos que el tema estaba re complicado, pero verlo con los propios ojos fue distinto.

De un aeropuerto moderno (o que creíamos moderno) pasamos a un par de carpas, baños químicos, unos restaurantes improvisados, agua gratis que reparten en vasitos plásticos, trabajadores en polera y zapatillas y muchísimo ruido de turbinas. Da pena, conmueve y da mucha vergüenza que nuestra puerta de entrada esté TAN terremoteada.

Sí doy fe -y otras personas me han dicho lo mismo- que el sistema funciona mucho, mucho más rápido. Por ejemplo al regreso sólo nos demoramos 15 minutos desde que aterrizamos hasta salir: esperamos en el avión, bajamos por las escaleras, caminamos por la pista y un señor con un megáfono nos anunció que las maletas apiladas eran las de nuestro vuelo. ¡Y ya estábamos afuera tomando un taxi!

Este terremoto nos dejó varias enseñanzas, pero una que se repite es que a la antigua funciona mejor.

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